Hablando del Papa (I): Aurelio Alonso (+Video)

Muy cerca en el tiempo de la visita del Papa Francisco a Cuba, la revista Temas inicia una serie de entrevistas para leer en contexto este acontecimiento. Comenzamos dialogando con Aurelio Alonso, sociólogo, investigador sobre la Iglesia católica en Cuba, Premio Nacional de Ciencias Sociales y colaborador y miembro del Consejo Asesor de Temas. Compartimos además la transcricpión íntegra...

Transcripción de la entrevista:

Marianela González (MG): Coordinadora, Editorial Temas

Aurelio Alonso (AA): Sociólogo, investigador sobre la iglesia católica en Cuba. Premio Nacional de Ciencias Sociales. Colaborador y miembro del Consejo Asesor de Temas.

MG. Francisco es el primer jesuita, el primer latinoamericano, y el primer sacerdote de un país del Tercer Mundo al mando de la Iglesia católica romana, ¿en qué medida estos antecedentes explican su proyección actual?

AA. Yo creo que en una buena medida todo junto, y en ninguna medida por separado. Hay mucho de inesperado en la elección de Bergoglio. Es decir, ¿ha resultado Jorge Bergoglio el Papa que esperaban tener los miembros del cónclave que lo eligieron? Aunque no tengamos respuesta, esa es la pregunta, importante. Pienso que no. Es uno de esos papas que, cuando es electo, resulta en muchas cosas sorpresivo.

Que sea el primer Papa latinoamericano tiene la importancia de que por fin el pontificado no solamente sale de Italia, sino que se orienta a buscar al conductor de la Iglesia en la región del mundo más poblada de católicos. El centro mundial del catolicismo es América Latina, más de 40% de los católicos del mundo están en aquí. No se trata de que el Vaticano se vaya a mudar ahora para Buenos Aires o Río de Janeiro, sino de que resulta normal el mayor peso de América Latina en una elección. Aunque tuve mis dudas de que fuera a ser electo un latinoamericano, porque la Iglesia ha sido normalmente conservadora.

Lo más sorprendente para mí ha sido la elección de un jesuita. A pesar de sus votos de obediencia al Papa, del famoso cuarto voto de obediencia incondicional al Papa, la Compañía de Jesús tiene un aura de autoctonía, de independencia, de carácter propio, que le ha dado mucha fuerza en la historia. Tanta que fue incluso suspendida por la Iglesia durante casi un siglo, hasta que se creó otra vez, y volvió otra vez a ser muy fuerte. En el siglo xx, Juan Pablo II no la suspendió, pero la intervino, y sustituyó a su Superior General, uno de los más brillantes, notables, significativos superiores generales que ha tenido, Pedro Arrupe, vasco como Ignacio de Loyola, el fundador, una figura muy significativa en ese período.

Sin embargo, esta condición puede implicar un progresismo o un conservadurismo. En el plano de la doctrina social, de las relaciones interreligiosas y extrarreligiosas, los jesuitas pueden ser de derecha o de izquierda. Por lo tanto, esa condición por sí sola no es determinante.

No nos guiemos por esas condicionantes. Hay que pensar en el ser humano. El Papa ya no es Jorge Mario Bergoglio, sino escogió el nombre de Francisco, y no por gusto. En la historia del pontificado, ningún Papa había adoptado ese nombre. Con lo cual ha dado un signo diferenciador.

MG.  ¿Qué distingue a Jorge Mario Bergoglio de Karol Wojtyla y Joseph Ratzinger, en su visión del papel de la Iglesia y en su proyección política? ¿Intenta Francisco recuperar una posición que la Iglesia católica ha ido perdiendo en su presencia global?

AA. Sí. El llega en medio de una crisis muy fuerte de credibilidad de la Iglesia, relacionada con la corrupción, y otros problemas. Esa crisis estalla en los tiempos de entrada de Juan Pablo I. Juan Pablo I había durado un mes nada más. Y por supuesto, salta con el escándalo del Banco Ambrosiano, el supuesto suicidio del presidente del banco, que se cuelga debajo de un puente.

Juan Pablo II se las arregla para hacer un pontificado en que esa crisis se invisibiliza. Pero evidentemente no se ha resuelto, estaba ahí latente.

Benedicto XVI choca con ella. De repente, se encuentra que tiene que enfrentar toda la situación de crisis, de los escándalos de corrupción, de pederastia. Y él no puede con eso.

Juan Pablo II fue un papa muy conservador. Aunque fue el primero que visitó a Cuba, lo hizo después de haber recorrido toda América Latina. Fue el Papa Viajero desde el principio. Cuando visitó a Cuba había estado cinco veces en México y tres en Brasil, y creo que tres, en Colombia, y una en Haití, en fin, había recorrido todo el continente, había estado en todas partes y no en Cuba. Entonces, ese hecho no se debe magnificar, olvidando que fue muy conservador. Es el papa que revierte la situación del Concilio Vaticano II. Que quita a Arrupe de los jesuitas, porque lo siente demasiado independiente, lo saca de la Compañía de Jesús, pone a un interventor, un jesuita creo que polaco, a quien él le tenía confianza, para que anule la línea progresista de Arrupe, que sobre todo se estaba destacando en América Latina, en América Central, donde los jesuitas fueron muy importantes, en universidades católicas como la UCA, dirigidas por jesuitas; se enfrentaron a las oligarquías y dejaron una estela de mártires también. Este Papa reaccionó contra ellos. Juan Pablo II desautorizó a Ernesto Cardenal públicamente, en su visita a Nicaragua, por el hecho de que él participaba, así como su hermano Fernando, como ministro en el gobierno, y el Papa había proscrito que lo hicieran.

Oscar Arnulfo Romero, unos meses antes de morir, había estado en el Vaticano en su visita ad limina, y se había entrevistado con el Papa, le había llevado un dossier sobre la situación en El Salvador. El Papa le dijo que él no tenía tiempo para leerse todo eso, y que le aconsejaba llevarse bien con el gobierno, lo maltrató incluso, lo desestimó, no le dio apoyo.

En ese mismo periodo, Joseph Ratzinger, quien luego sería Benedicto XVI, juega un papel ultraconservador al lado de Juan Pablo II.

El episcopado que existe hoy en América Latina, los obispos latinoamericanos actuales, la mayoría de ellos fueron nombrados por Juan Pablo II, que fue Papa durante muchos años. Es muy raro encontrar hoy en la región un obispo de la Teología de la Liberación. La herencia que tiene Bergoglio ahora en esa Iglesia es tremenda. El tiene que ganar tiempo. En la medida en que los obispos se van jubilando, se van retirando en sus diócesis, él tiene que buscar incidir de alguna manera en que la renovación no sea por la línea de la derecha. Por ejemplo, en Venezuela, hay un episcopado que se le tranca completamente a la proyección bolivariana, y en Ecuador también.

A pesar de todo, el Papa viajero es visto como el que arma la polvareda, aunque no hubo un saldo para la Iglesia católica significativo de recuperación de fieles, porque realmente ya había un mecanismo de reanudamiento religioso por otra línea, que es la de los fundamentalismos, alentados por otros intereses,  oligárquicos, como los movimientos norteamericanos de la Nueva Era, que podían distanciar la devoción, la fe, del compromiso político. Nosotros los tenemos aquí también en Cuba, la visión salvífica por los caminos espirituales, cuya prédica es que no hay que hacer nada, sino vivir la realidad que te tocó vivir, y se acabó.

Parecía que Benedicto XVI iba a seguir esa ruta. Benedicto XVI era muy superior a Juan Pablo II como teólogo y como pensador. Wojtyla usó a Ratzinger como el gran teórico y el hombre que le prestó grandes servicios. Los documentos que condenan la Teología de la Liberación, y que asumen después una lectura distinta de la Teología de la Liberación, los hizo Ratzinger para Juan Pablo II. La condena de Leonardo Boff, el brasileño, menos sonoro que Gustavo Gutiérrez, que fue el autor de la Teología de la Liberación, pero quien es realmente el gran teólogo, con su teología de lo político. Leonardo Boff y Clodovis Boff son los dos teólogos de más peso en el plano religioso, en el plano dogmático, que figuras como Gustavo Gutiérrez o Frei Betto, que es un poco periodista, y juegan un papel esencial, pero que no son figuras teológicas contundentes.

Bergoglio solamente tiene dos años de pontificado en la actualidad, pero ha sido muy coherente desde el principio, cuando escogió llamarse Francisco y hacer un pontificado en función de los pobres. Se conoció que era una conducta que seguía como arzobispo en Buenos Aires, que se movía en metro por la ciudad, y que vivía con humildad real, no de puertas para afuera, con sencillez. El rechazo en el Vaticano a todos los signos del oropel, al salir del palacio pontificio e irse a vivir en el alojamiento de Santa María Mayor. Pero sobre todo al asumir de frente todo el proceso disciplinario dentro de la Iglesia, sin miedo, cortando cabezas, quitando figuras, y sin excesos que le puedan ser rechazados, hasta ahora. Aunque levanta mucha reticencia de parte de la curia romana, no ha habido ninguna posibilidad en la cúpula de la Iglesia, como nosotros le decimos, de hacerle un frente que lo bloquee o que le haga perder fuerza.

Esta es para mí la diferencia principal entre estos tres Papas.

MG.  ¿Cómo aprecias esas contradicciones entre la cúpula vaticana y el Papa Francisco en torno a este tipo de reformas que promueve?

AA. Para conducir la Iglesia no sólo son importantes las contradicciones con la cúpula vaticana, sino con las diócesis, con los obispos del mundo, que en su mayoría son conservadores, pero que son sus obispos, sus cristianos. Y humanamente, no todos son iguales. Oscar Arnulfo Romero fue conservador hasta que la realidad de conducir la Iglesia salvadoreña lo tiró contra la dureza de la pobreza y de la vulnerabilidad física, el desamparo no solo ante la posibilidad de comer, sino ante la muerte, que te matan y quedan impunes los que te matan.

Francisco ha tenido que moverse en una correlación de fuerzas en el Vaticano y fuera de él, que en cierta medida le es adversa aquí y allá, en una especie de cuerda floja. Él ha ido haciendo cambios, pero no a lo loco. En su discurso no ha dado señas de ningún signo de retroceso ni de ningún error. Benedicto XVI fue muy errático en dos o tres ocasiones en su discurso, y se lo reprocharon en varios lugares. Francisco es un Papa muy versátil, muy coherente, muy comedido.

MG. ¿Qué significado tiene la posición del Papa respecto a la doctrina social de la Iglesia, sobre todo su Encíclica sobre el medio ambiente, en torno a temas como los derechos de las mujeres y los gays, la Teología de la Liberación?

Aurelio Alonso: En una encíclica anterior, la primera, es muy significativa la vindicación del Concilio Vaticano II, un cuerpo reformista que no ha sido aplicado ni interpretado en toda su extensión, sino más bien frenado durante muchos años de pontificado de Juan Pablo II.

En la que tú mencionas, introduce por primera vez el rescate del medio ambiente y su conexión con el problema de la pobreza. No es una encíclica puramente ambientalista, sino una visión de la creación del hombre y de la naturaleza, como dos dimensiones inseparables; y que conecta el problema de la lucha contra la pobreza con el rescate del ambiente natural.

Plantea una jerarquía ética de tres dimensiones en el amor, a Dios, al prójimo y a la tierra. Se relaciona en el fondo con la visión de subsistir con lo que hay, y garantizar que el papel de los seres humanos como parte del medio natural se vuelva una contribución a su reproducción, y que evoca la cosmovisión indigenista andina.

Es muy temprano para hacer una caracterización de la contribución de Francisco a la doctrina social de la Iglesia cuando tiene nada más que dos años de pontificado. Dentro de ese marco, sin embargo, se trata de su primera encíclica social.

MG. ¿Qué han significado las visitas de los papas a Cuba? ¿Qué particularidades tendrá esta primera visita del Papa Francisco?

AA. Cuba dejó una huella en Juan Pablo II, y eso hizo que Benedicto XVI quisiera venir también. De manera que el único país latinoamericano que en 1998 no había sido visitado por ningún Papa, ahora va a ser uno de los pocos visitados por los tres últimos.

Ese impacto sobre aquellos dos papas consistió en el descubrimiento de que había una posibilidad de pobreza con dignidad. Este país vive en un fracaso económico permanente ocasionado por la mezcla de bloqueo y de problemas interiores, y de incapacidad para enrumbar un modelo bajo esa situación bloqueada, que vaya más allá de la supervivencia. La población vive en condiciones en que se logra vencer el desamparo, pero no la pobreza. Ahí hay algo que evangélicamente tiene un sentido.

Pero la visita de Francisco va a ser distinta de las dos anteriores. Este es el Papa que más ha hecho a favor de Cuba en el corto tiempo que tiene de pontificado. No se ha limitado a una simple condena al bloqueo, sino ha ofrecido sus servicios como mediador, lo que ha sido suficientemente importante para que se reconozca por el gobierno cubano y por el de Estados Unidos su papel, junto al del gobierno de Canadá.

El Papa va a venir de visita cuando ya van a estar abiertas las embajadas, que es el primer resultado efectivo importante de esa mediación, el restablecimiento de las relaciones diplomáticas. No es todavía, como han dicho los gobernantes, los nuestros y los otros, la normalidad de las relaciones. Pero es el inicio de ese proceso.

Esta va a ser la más importante de las visitas pontificias, a pesar de que no es tan larga como la de Juan Pablo II, y de que es la tercera. No tendrá el oropel que tuvo la primera, tanto séquito. Es la más importante, primero, porque es el pontificado que ha dado muestras de tener una disposición más proactiva, hacia una aceptación del proceso de transformación cubano con su soberanía y sus cosas. Y la segunda, porque pienso que hay más cosas que decirse entre los discursos de este Pontífice y de los líderes del proceso cubano.

Viene a Cuba y va a Estados Unidos después. Va a continuar en su rol de mediador. Él puede convertirse realmente en un factor para que empiece a flexibilizarse el bloqueo, para que empiecen a encontrarse caminos de flexibilización. Eso le va a ganar muchos enemigos en Estados Unidos, en la derecha norteamericana.

No sé cómo será ahora el cuadro, pero ha habido momentos en que la jerarquía episcopal norteamericana ha dado muestras de simpatía y de cercanía con Cuba, en los 80 y los 90. Al haberse ya abierto las embajadas, la presencia de figuras del clero norteamericano durante su visita a Cuba, como invitados, puede ser mucho mayor que en las anteriores. No solo numéricamente, sino mucho más importante, más significativa, puede tener un peso, incluso, en la promoción de las relaciones posteriores.  Aunque la Iglesia católica no es mayoritaria en Estados Unidos, frente al protestantismo como conjunto, como Iglesia individual sí tiene un peso muy grande.

MG. Entre otros factores, el anticomunismo de la Iglesia católica cubana restringió su presencia en la sociedad cubana. Esta presencia se ha recuperado en cierta medida, junto a su nivel de diálogo con el gobierno. ¿Cómo aprecias la relación entre las posiciones progresistas de Francisco y una Iglesia cubana atravesada por corrientes conservadoras que tienden al encerramiento y a fomentar un laicado obediente? ¿Puede la próxima visita contribuir a recuperar el clima de diálogo y a propiciar corrientes a favor del compromiso social y la colaboración con otras instituciones de la sociedad civil cubana?

AA. La Iglesia cubana sigue siendo conservadora; pero lo es menos que la de los años 60. El triunfo de la Revolución ocurre tres años antes de que empiece el Concilio Vaticano II; cuando lo que prevalece es la iglesia tradicionalista tridentina.

Antes de Vaticano I, el último Concilio fue el de Trento, en 1540. Este se hizo bajo la influencia del naciente mundo jesuita, que creo la Contrarreforma, y que expresó un reformismo conservador, dirigido a crear símbolos, que rescataran la estructura de la Iglesia católica. El sistema moderno de educación es el creado por los jesuitas, que establece clases de una hora, con diez minutos de receso entre materias. Articular estas materias en la manera de la escuela como nosotros la conocemos, no existía antes. Esas normas, que son las tridentinas, provenientes del Concilio de Trento, son las que se mantienen vigentes y que Vaticano I no consigue cambiar, porque este concilio no llega a terminar. Así que Vaticano II es el evento que produce una reforma hecha y derecha en la Iglesia.

Cuando triunfa la Revolución cubana, la estructura de la Iglesia en el país no había sido modificada todavía por el Concilio Vaticano II. Se trata de una Iglesia conservadora, que incluso había estado en contra de la independencia nacional hasta última hora en el siglo XIX.

Tú me hablas del anticomunismo de la Iglesia, pero no del ateísmo del marxismo. El comunismo que se asumió en Cuba, mayoritariamente el aprendido de la URSS, era ateísta. Para las cabezas que piensan así, la religión es una deformación ideológica, un atavismo llamado a terminar, no un componente legítimo de la cultura.

Ahora bien, la Iglesia tuvo un proceso de asimilación del cambio social cubano; y aunque sigue conservadora, no es como al principio; y en eso influyó la Revolución, pero también Vaticano II.

Después de los conflictos que se producen a principios de los años 60 entre la Iglesia y el Estado, y se expulsan a aquellos 131 sacerdotes en el barco Covadonga, ocurre una especie de congelación en las relaciones entre ambos. Sin embargo, el  primer paso de acercamiento no lo da el Estado cubano, sino la Iglesia, como consecuencia de la participación de los obispos cubanos en la segunda reunión de la Conferencia Episcopal Latinoamericana, en 1968, celebrada en Medellín, donde la influencia de Vaticano II se traduce para América Latina. En este cambio, influyen también sacerdotes como  Carlos Manuel de Céspedes, formados por el aura de este concilio.

Y ahí aparecen  las dos pastorales famosas en que la Iglesia condena el bloqueo, llamándole así, “el bloqueo de Estados Unido a Cuba”, en 1969. Y después lanza otra pastoral donde dice que no hay problemas para que haya un diálogo entre cristianos y marxistas. Ante estas declaraciones, el liderazgo cubano no reacciona a favor, más bien todo lo contrario. En 1971, ocurrió el Congreso de Educación y Cultura, que fue fuertemente antirreligioso, y promovió el ateísmo. En el Primer Congreso del Partido (1975) hubo una Resolución sobre la Iglesia y los creyentes, que, aunque no citaba al ateísmo expresamente, decía que la concepción del mundo del Partido era la concepción científica, lo que quería decir atea.

Mi hipótesis es que, cuando se producen esas pastorales de la Iglesia, que hubieran podido provocar un acercamiento mayor, una reacción distinta, sin embargo, ya la subsistencia del proyecto cubano estaba en crisis, e íbamos a tener que sentarnos en el CAME con la URSS. Entonces, en lugar de seguir con la Iglesia una política de propiciar la cercanía, esta se descarta, porque estamos en camino al CAME, y no íbamos entonces precisamente a adoptar una posición ajena al ateísmo.

Monseñor Sacchi, el Encargado de Negocios que quedó representando al Vaticano aquí, contribuyó mucho a que se restableciera un diálogo. El Vaticano nos había retirado al Nuncio, y no lo reemplazó, dejó ese Encargado de Negocios, que no era ni primer secretario ni consejero, sino solo segundo secretario. Sin embargo, Cuba no lo reciprocó; en lugar de retirar al embajador, nombró un embajador cubano católico en el Vaticano, Amado Blanco, un hombre inteligentísimo, muy culto, revolucionario, y muy católico. Políticamente fue un gesto brillante, y aseguró que la relación de la parte cubana se mantuviera allí al más alto nivel.

Yo creo que nosotros fuimos más ateos que lo que debimos ser cuando la Iglesia estaba empezando a generar mecanismos de aproximación.

MG. ¿Entonces te parece que esta próxima visita del Papa Francisco podría contribuir a recuperar un poco el clima de diálogo, y como decía, propiciar corrientes a favor del compromiso social y la colaboración con otras instituciones, sobre todo de la sociedad civil?

Aurelio Alonso: Sí. Y además, creo que al medio cristiano le va a insuflar también un espíritu distinto. Yo creo que puede ser beneficiosa.

Vistas las características de este pontificado, y el papel que la Iglesia cubana ha jugado en sus últimos años, incluida, por primera vez, la intervención en la excarcelación de presos políticos y comunes. Las excarcelaciones, que la Iglesia siempre pide, respondiendo al sentimiento de piedad, se suman a otros gestos, que le permitan más visibilidad, más presencia, un espacio mayor en la educación. La Iglesia aspiraría siempre a que pueda haber escuelas católicas en Cuba, como los Hermanos de La Salle, las escuelas de los jesuitas. Carlos Manuel siempre apostaba a que eso iba a darse; yo le decía que veía en perspectiva una apertura de la enseñanza religiosa, pero articulada al sistema de educación nacional. Él me insistía en que yo estaba equivocado, que eso podría darse inicialmente, pero que sería un paso para que también se pudiera volver abrir el espacio a las escuelas católicas. Me decía: “Tú y yo, y también Fidel, vinimos de esas escuelas, y la mayoría de los miembros de la dirección del país”. Siempre bromeaba sobre esto, y decía: “Fíjate que los miembros del Comité Central, y los del Buró Político del PCC, la máxima dirección política, son casi todos figuras formadas en escuelas católicas. Mientras que la mayoría de los obispos se formaron en las secundarias básicas que creó la Revolución, y no tienen nada que ver con la enseñanza católica”. Fíjate qué paradoja esa.

La presencia de Francisco, y el contacto con él, puede jugar un papel positivo en un acercamiento, en una apertura mayor del episcopado actual hacia la Revolución. El cambio político hacia la sociedad que viene, pero no vista con un patrón cerrado.

Francisco no está por la mercantilización de la sociedad; sino porque no se pierda el patrón de igualdad. No va a estar a favor de que se pierda en Cuba lo que él quiere que se gane para el resto del continente, porque está perdido en demasía.

Aunque en Cuba se puede perder el amparo, pues nada es irreversible. Casi todo lo que hemos ganado, menos la memoria, que siempre está ahí —nada más poderoso que la subjetividad—, pero todo lo demás se puede perder progresivamente. Haití es la sociedad más pobre y desamparada de América, y fue la colonia más rica en el siglo XVIII. Las  reversiones pueden ser brutales.

No pienso que la visita de Francisco vaya a generar un aumento impactante de la feligresía católica, porque en Cuba también, como en otras partes de América Latina, la reanimación de la fe religiosa se ha ido dando ya, por las corrientes de pensamiento religioso, por los movimientos religiosos no tradicionales, se ha ido dando por la vía del pentecostalismo, que es hoy más poderoso que el catolicismo.

Esa demografía religiosa básica que se ha ido configurando en Cuba no la cambia la visita de un Papa, es un fenómeno que tiene un arraigo espiritual propio. Aunque puede impactar favorablemente, dejar un buen recuerdo, no puede sacudir la demografía religiosa del país.

 

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