Hablando del Papa (II): François Houtart (+Video)

Desde Ecuador, escenario de la primera homilía del Papa Francisco en Latinoamérica, el sacerdote y sociólogo de origen belga François Houtart contribuye a la serie de TemasTV “Hablando del Papa”, a propósito del pensamiento y proyección del Sumo Pontífice, y del significado de su próxima visita a Cuba, entre el 19 y el 21 próximos.

Houtart es miembro del Consejo asesor de la revista y sus contribuciones como autor han estado relacionadas con la Teología de la Liberación y la doctrina social de la Iglesia  desde una perspectiva sociológica; recientemente, ha prologado una antología de textos sobre religión aparecidos en esta publicación durante dos décadas, que verá la luz como ebook bajo el sello de Ediciones Temas .  

Transcripción íntegra de la entrevista

TEMAS: ¿Cómo se compara Jorge Mario Bergoglio con Karol Woytila y Joseph Ratzinger, en su visión del papel de la iglesia y en su proyección política? ¿Cómo se explica que este jesuita latinoamericano, con otra visión sobre los problemas de la iglesia y con un discurso social y político diferente, haya llegado a convertirse en el Papa Francisco?

F. HOUTART: El tercer Papa que viene a Cuba es el Papa Jorge Mario Bergoglio. Argentino, latinoamericano. Es el primer Papa de un continente fuera de Europa, lo que evidentemente va a influir sobre su personalidad y su manera de ser. También es jesuita: es la primera vez que un jesuita es nombrado Papa. En general, hubo en la Iglesia algún temor con los jesuitas, porque tienen una cierta relación con el poder que a veces es un poco ambiguo.

Y lo curioso es que, cuando fue nombrado, no tomó el nombre de Ignacio, por ejemplo, el fundador de los jesuitas, sino Francisco —Francisco de Asís. Todo eso es bastante nuevo en la historia institucional de la Iglesia.  

La historia del Papa actual empieza con los jesuitas en Argentina. Hubo momentos muy difíciles durante el tiempo de la dictadura militar. Algunos lo han acusado de haber colaborado con los militares, lo cual me parece falso. Estuve varias veces en Argentina por esa época, que fue inmediatamente después del Concilio Vaticano II, y pienso que la preocupación del Papa actual como responsable de los jesuitas fue tal vez más una preocupación institucional, de guardar la dignidad dentro de la orden de los jesuitas o dentro de la Iglesia (donde había muchas opiniones y reacciones diferentes frente a la dictadura); pero que no adoptó posturas como la de otros obispos, más proféticas. 

Pienso que durante toda su actuación ha tenido una preocupación más institucional y pastoral que profética. Cuando fue nombrado Arzobispo de Buenos Aires, sí adoptó una actitud muy pastoral y cercana a los pobres. Ha vivido de forma muy simple; ha viajado en los medios de transporte público, se ha acercado a comunidades pobres, ha reclamado siempre por la justicia… En este sentido, desarrolló la doctrina social de la iglesia. No la Teología de la liberación —nunca fue muy partidario de eso, sino de una cierta doctrina social que ha sido más reconocida en Argentina como Teología del pueblo. Es decir, sí ha tomado posiciones avanzadas desde el punto de vista social, pero no desde la Teología de la liberación.      

Como Arzobispo de Buenos Aires y prácticamente a la cabeza de la Iglesia en Argentina, tuvo un contacto bastante conflictivo con el poder político. Se enfrentó con el poder político de los Kirchner en este momento, sobre todo en relación con sus posiciones eclesiásticas: la moral familiar, sexual y otros aspectos de un poder que cometía eventualmente algunos abusos.

Fue elegido Papa por un cuerpo de cardenales muy conservadores, nombrados por Juan Pablo II y Benedicto XVI. Él era considerado también como un Arzobispo relativamente conservador, especialmente sobre los asuntos de moral eclesiástica, católica; pero también, lo suficientemente moderno y activo como para remplazar a Benedicto XVI, quien había renunciado ante a los problemas que encontró en la administración central de la Iglesia.

T: ¿Cuáles son los principales desafíos que enfrenta el papado de Francisco? ¿Cómo son recibidas sus reformas y su actitud ante las posiciones de la fe en el seno de la propia iglesia católica y entre las otras iglesias y credos religiosos?

F.H.: Los desafíos principales del pontificado del Papa Francisco son evidentemente numerosos. Pienso que para él, en función de su opción pastoral, el primer desafío es cómo hacer que la fe cristiana sea accesible a todos, a pesar de cualquier situación. Por eso vemos que ha tenido una actitud muy existencialista, tratando de tener en cuenta la existencia completa de la gente. Por ejemplo, su posición ante los divorciados, que en la iglesia católica no pueden comulgar; para él, esa condición no debe ser un obstáculo para que las personas puedan participar de la fe. Lo mismo vale para los homosexuales: él ha dicho claramente, siendo Papa, que cómo puede hacerse un juicio contra los homosexuales; es una realidad, y eso no significa que no deban vivir la fe.

Su actitud en este sentido es pastoral: que todo el mundo pueda vivir la fe cristiana. Eso me parece un primer desafío. Pero es eso: un desafío, porque hay opiniones muy diferentes en la Iglesia. Hace dos años, el Papa quiso hacer un sondeo con una agencia especializada, en el mundo entero, para saber que piensan los católicos sobre el divorcio, los homosexuales, el casamiento de los sacerdotes, etc... Y los resultados indican una diferencia radical según las regiones. En Europa y los Estados Unidos, la gran mayoría de la gente está de acuerdo con los cambios; en África, todo lo contrario (90% de los católicos se oponen a cualquier cambio), y en Asia, más o menos lo mismo; y en América Latina es compartido. Así, cualquier decisión que tome el Papa en estos campos va a provocar una reacción fuerte, tanto a favor como en contra. Por eso convocó una reunión de todos los obispos para discutir estos puntos; se encontraron el año pasado y van a hacerlo de nuevo en octubre, en Roma. Eso va a ser un desafío enorme, y no sabemos exactamente cuál será el resultado; podría significar una cierta inmovilidad frente a los conflictos o tal vez una actitud diferente frente a las fuerzas resistentes dentro de la Iglesia misma.

Un segundo problema para el Papa actual es la Iglesia como institución: el problema de la teología, de la concepción de la Iglesia… Hay una iglesia muy hierática, centralizada, autoritaria, frente a una iglesia “pueblo de Dios” (como definía el Concilio Vaticano II), que es muy diferente —de hecho, han pasado 50 años del Concilio, y la primera ha retomado su poder. Hay ahí un gran desafío. Y está también el problema del sacerdocio: ¿por qué un sacerdocio limitado a los hombres? Dentro de la Iglesia, unos apuntan que eso va contra el derecho de las mujeres, pero otros insisten en que es la tradición. Otro punto es el celibato de los sacerdotes, que ha sido puesto en cuestión de manera muy fuerte, sobre todo en función de abusos que hubo en este sentido. Estos son problemas institucionales extremadamente importantes.  

Sin embargo, frente a lo que está pasando en la Iglesia, parece muy poco probable que el Papa pueda dar pasos muy grandes, por lo menos en la situación actual. Aunque es posible hacer algunos cambios porque muchos no son problemas teológicos, sino culturales, sociales; de hecho, el celibato no fue obligatorio durante años, y la prohibición del sacerdocio para las mujeres está vinculado a una cultura machista que ha existido en todos los pueblos del mundo durante mucho tiempo. O sea, no hay un problema teológico, sino de política eclesiástica, que va a ser un gran desafío para el Papa.

Otro problema es la Iglesia católica como Estado. El Vaticano es pequeño, pero es un Estado, con todo lo que ello implica: enfrenta la corrupción, sobre todo financiera; tiene un banco —se puede eventualmente cuestionar la necesidad para la Iglesia de tener un banco: ¿por qué no utilizar un sistema bancario normal? También, la representación diplomática de la Santa Sede en el exterior es un problema enorme, porque son gastos absolutamente grandes: nunciaturas en más de 100 países, y el ambiguo papel político y religioso de funcionarios que actúan como nuncios y representantes no del Estado, sino de la Santa Sede. Todos esos son desafíos fuertes.    

Pienso que no va a ser fácil, porque hay una enorme oposición interna. Otro desafío es separarse de las riquezas del Vaticano, que son también riquezas artísticas… ¿por qué no dejar que la UNESCO se ocupe? ¿Por qué las administra la Iglesia de Jesucristo, que era pobre, que ha luchado contra todos los poderes (económicos, políticos e incluso religiosos) que oprimieran a los pueblos? Para volver a esta tradición, la Iglesia tendría que despojarse de todo ese poder, económico o artístico, y la única reforma sería abolir el banco del Vaticano y transformar la acción internacional de la Santa Sede como Iglesia y no como poder.   

Pero no podemos esperar que el Papa Francisco pueda realizar todo esto en un corto plazo.

Y finalmente, el gran desafío es el desastre que significa el sistema capitalista para el planeta y la humanidad.

El Papa ha escrito una encíclica muy importante sobre la transformación climática, que empieza con un análisis muy interesante sobre sus causas y la destrucción de la naturaleza por la actividad humana. Hace una conexión entre la destrucción del planeta, el sistema económico-social y la pobreza en el mundo. Es un texto claro y duro contra el sistema dominado por el dinero. Sin embargo —no se sabe exactamente por qué—, describiendo todas sus funciones como origen de este desastre, nunca utiliza la palabra capitalismo, aunque queda muy claro cuando se analizan los conceptos que usa.

De esta forma, el Papa no utiliza la Teología de la liberación, sino la doctrina social de la Iglesia de manera radical: lo más radical que puede para denunciar las injusticias y el peligro para la madre tierra. La cadena FOX lo ha declarado el hombre más peligroso, porque está poniendo en cuestión toda la organización económica y política del mundo. Otros le llaman anti-Papa, e incluso, dicen que es el diablo, porque intenta cambiar cosas al interior de la Iglesia. Hay peligros, y el Papa es muy consciente de ello.   

T: El Papa Francisco viajará desde Cuba a los Estados Unidos y será el primer pontífice que hable ante el Congreso. ¿Qué significación política tiene esta visita a la Isla y las que ha hecho a otros países de América Latina?

F.H.: Es evidente que la visita de un Papa tiene una dimensión política. No como acciones políticas inmediatas, sino a la hora de abordar problemas que son esencialmente políticos.

Aquí en Ecuador, por ejemplo, cuando vino el Papa, los obispos trataron de negar el aspecto político de la visita, pero es innegable, es un hecho que debemos tratar de entender e interpretar.

La Iglesia actúa en la sociedad como una instancia ética. Es decir, tratando de recordar valores sociales que tienen evidentemente una dimensión política. Como quiera, es una institución, y como tal, tiene un carácter político en su impacto sobre la sociedad. No significa necesariamente (aunque en algunos casos lo ha hecho) tomar posición a favor un partido o una personalidad, ni entrar en el juego político; pero el carácter global político de la institución es real. No hay Teología de la liberación que no sea también política, porque analiza todo el sistema del poder. Como instancia ética, la Iglesia debe actuar a favor de la paz y la justicia —evidentemente, se puede interpretar de maneras muy diferentes lo que son la paz y la justicia, pero al menos, la referencia a Jesucristo es la lucha para llegar a los valores del reino de Dios: paz, igualdad para todos los seres humanos, justicia.  

El Papa Francisco ha traducido eso en actos muy concretos. Por ejemplo, en ayudar de manera moral —más que directamente política— al diálogo entre los Estados Unidos y Cuba, lo que ha sido reconocido por las dos partes como algo positivo. También, en la condena al bloqueo; todos los papas lo han hecho. Eso es político. El Papa Francisco también se pronunció de manera muy clara sobre el problema de las migraciones en Europa y el drama de estas personas de África y del mundo árabe que mueren en el Mediterráneo (uno de sus primeros gestos fue ir a la isla del sur de Italia a la cual llegaban millares de estas personas), lo que también es un acto político, porque significa recordarle a Europa su responsabilidad política y moral. La encíclica sobre el cambio climático es un acto político. O el reconocimiento de Palestina como Estado.

Podemos decir, realmente, que la dimensión política de una visita del Papa es una realidad. De hecho, se puede decir que las visitas de los papas precedentes a otros países del mundo fueron un poco tímidas frente a los desafíos políticos fundamentales. Por muchas razones, tal vez por una preocupación institucional… Veremos qué va a decir el Papa Francisco en los Estados Unidos —será la primera vez en la historia que un Papa hable frente al Congreso norteamericano—,si va a tener el coraje de ir hasta la última consecuencia de su posición frente a muchos temas.

A veces, el interés institucional predomina sobre el papel ético. Muchas veces lo hemos visto en la iglesia reaccionaria.  Lo hemos visto en América Latina, por ejemplo, con coaliciones entre el poder eclesiástico, el poder político y el poder militar. Con el Papa Francisco se abren espacios que van a permitir repensar el papel de la Iglesia en la sociedad; nunca dejaremos de notar ambigüedades, pero sí, ayudaría a priorizar los valores del reino de Dios. En este sentido, también, las visitas tienen una dimensión política.   

T: ¿Puede la visita de Francisco a Cuba favorecer el espíritu de diálogo dentro de la iglesia católica cubana, en particular, hacia el gobierno y hacia otras instituciones de la sociedad civil? ¿Tiene algún significado para el diálogo interreligioso?  

F.H.: En función de diálogo, la visita del Papa es bastante importante, porque él va a pedir el diálogo ante conflictos, con la sociedad y la política, y al interior de la propia Iglesia. Pero al mismo tiempo, no debemos esperar demasiado de una visita de un Papa. Es un momento que puede ser importante, que puede ayudar a reafirmar la fe; pero la visita de un Papa no va a cambiar las estructuras sociales fundamentales de un día a otro, ni los conflictos políticos. Es un momento. No esperemos demasiado de un momento. Pero sí puede tener importancia para favorecer ciertos tipos de diálogos.   

Así, el primer diálogo que se puede esperar es dentro de la Iglesia. Sabemos que en Cuba, dentro de los católicos, hay diferencias que no son tanto teológicas, sino políticas. Y en este sentido, la visita puede ayudar; pero no pienso que vaya a cambiar fundamentalmente la opinión de los grupos que tienen posiciones políticas opuestas. Aunque quizás, a impulsar el diálogo entre unos y otros para aceptar opiniones diversas dentro de la institución.   

Pero también dentro de la institución, luego de la visita de los últimos papas, ha habido diferencias en relación con la concepción de la Iglesia. Hay una muy conservadora; y otra que piensa que la apertura al mundo significa una postura muy diferente de la institución, una apertura a nuevas situaciones en el mundo actual…  La visita no va a resolver esas diferencias, pero quizás, puede contribuir a una aceptación de la pluralidad, a crear nuevos espacios para un pensamiento nuevo que no sea inmediatamente excluido dentro de la Iglesia.  Esto se corresponde de cierta manera con las posiciones de una parte de la conferencia episcopal; en particular, con la actitud del Cardenal Ortega, de gran apertura, que pienso va a ser apoyada por la visita del Papa.

Otro diálogo es entre la iglesia católica y el gobierno, que empezó hace años. Hubo tensiones que llegaron a conflictos reales, con problemas desde ambas partes —cuando ambas pretenden tener toda la verdad y actúan de manera muy dogmática, no hay oportunidad de diálogo. Pero desde hace algunos años, lo ha habido, aunque no sin ambigüedad: por una parte, el gobierno, el Partido, veían toda la ventaja en no tener demasiados enemigos en un momento extremadamente difícil para la sociedad; por otra, la Iglesia, como institución, que había sido reducida dentro de la sociedad por el sistema político existente, veía toda la ventaja en tratar de tener un poco más de visibilidad y presencia pública. Se trata de intereses que pueden ser relativamente ambiguos de ambos lados; pero el diálogo es la única manera de llegar a soluciones, igualmente parciales y no totalmente satisfactorias para todos los sectores de la sociedad, pero que son pasos hacia una cierta paz mutua.   

Hay diálogo también con otros sectores de la sociedad. En Cuba se le llama sociedad civil, pero en un sentido diferente a lo que conocemos en otros países, porque la organización socialista de la sociedad ha exigido evidentemente una presencia del gobierno o del Partido en todas las esferas; aunque pienso que ahora hay un pensamiento un poco más abierto, con más autonomía en varios sectores. El Papa va a insistir seguramente en la necesidad de todos los cristianos de estar presentes en la sociedad. Eso no significa en contra del gobierno, aunque claro que eso puede ser interpretado de esa manera por algunos sectores gubernamentales; pero se trata de reforzar ciertas autonomías económicas, culturales y, eventualmente, políticas, sin poner en cuestión una orientación socialista fundamental. En este sentido, el diálogo es un aspecto que puede ayudar mucho en este período muy difícil de adaptación a una situación nueva.

Y finalmente, el diálogo interreligioso. Pienso que para Francisco es un acto pastoral: reconocer que existen, que estos cristianos quieren vivir la fe cristiana, y dialogar con aquellos con los que se pueda dialogar. En Ecuador no hubo espacio para este diálogo durante la visita del Papa, ni para las organizaciones indígenas ni para la sociedad civil, lo cual ha sido muy criticado; tampoco ocurrió en Cuba con la visita de Juan Pablo II. Vamos a ver que va a pasar con la visita del Papa Francisco, esperamos que haya más diálogo en este sentido.

Quiero concluir diciendo que a pesar de todos los límites que existen en el contexto y la realidad de los actores religiosos y políticos en Cuba, nos encontramos frente a una persona, el Papa Francisco, que puede y quiere aportar de manera simple y accesible, entrar en contacto con los pueblos y las personas. En este sentido, se puede esperar que la visita permita crear un espacio de respiro entre la sociedad cubana, que sea un mensaje de solidaridad ante el momento difícil de la sociedad, y para los cristianos, una palabra de fe.

 

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